El mindfulness también va al cole!

La práctica del mindfulness o atención plena, como lo traducimos al español, se está poniendo de moda.  Ha salido tímidamente del ámbito de los talleres de crecimiento personal y de los retiros de meditación para conquistar el mundo de los negocios, de los deportes y también de los colegios. Aunque de una forma muy lenta comparado con otros países  ya podemos encontrar  educadores que están apostando por introducir esta práctica en las aulas.

El mindfulness bebe de tradiciones milenarias y su principal origen lo encontramos en el budismo zen. Una filosofía sencilla de vida pero complicada para nuestras mentes avanzadas y acostumbradas a tener el mando. 

El zen diría “Si tienes hambre come, si estás cansado, duerme”. Y nosotros diríamos… bueno, muchas veces no diríamos nada porque ni siquiera nos damos cuenta de cuándo tenemos hambre o cuándo tenemos sueño. Uno de los principales responsables en abrir las puertas de occidente a estas enseñanzas fue John Kabat-Zinn, médico de la Universidad de Massachusetts y fundador de la Clínica de la Reducción del Estrés en esa misma universidad. Kabat-Zinn ideó un programa basado en la meditación y la atención plena para tratar los problemas físicos y psicológicos causados por el estrés. Este programa desprovisto ya del halo espiritual o religioso que podía causar reticencias en occidente ha sido exportado con éxito a otros países. John Kabat  define el mindfulness del siguiente modo:

“Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”.

Por lo tanto es la capacidad de estar presente en cada momento con dos ingredientes principales: es intencional, es decir, dirigimos la atención conscientemente; y sin juzgar, aceptando lo que es.

Sin embargo, vivimos casi siempre con el piloto automático, nos pasamos la mayor parte del tiempo en la mente recordando lo que ha pasado (con sus juicios, lamentos y culpas) o bien, construyendo un futuro de forma ilusoria (planificando, idealizando…), mientras el presente, lo único real, pasa sin prestarle atención.

El estar en atención plena no sólo consiste en atender con nuestros sentidos lo que sucede alrededor sino en ser plenamente conscientes de lo que pensamos y sentimos en ese momento aceptando lo que ocurre sin juzgarlo ni dejarnos arrastrar por esos pensamientos o esas emociones. 

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Hoy en día nuestros niños no pueden permanecer al margen del ritmo muchas veces tan frenético que llevamos los mayores y no disponen de tiempo para procesar y manejar preocupaciones o emociones. Los niños por naturaleza están en mindfulness, no hay mejor ejemplo que un bebé para entender el concepto de atención plena.

Observa lo que sucede a su alrededor, va de una actividad a otra con la entrega que da adentrarse en lo nuevo, es plenamente consciente de cuando tiene hambre, sueño o está incómodo. Llora si se asusta y al rato está riéndose porque lo que ahora ve le hace feliz, suelta y atiende; y suelta y vuelve a atender… ¡Fluye! Pero a medida que crece va desconectándose de esa capacidad de estar presente. Por eso el minfulness es una herramienta para no perder (o bien, recuperar) la capacidad de sumergirnos en nuestro universo (interno y externo) con calma y aceptación.

Y esta actitud amable y de compasión hacia nosotros mismos y hacia lo que nos sucede se refleja en los demás. Cuando cultivamos la aceptación y somos capaces de dar un paso atrás y observar lo que ocurre en realidad estamos dando un salto cuántico que va de la reacción a la respuesta. Entre reaccionar y responder hay una pausa mindfulness que nos lleva a adecuar el comportamiento sin arrastrarnos por viejos patrones, creencias o emociones. Y esto en los colegios se traduce en un clima de respeto y compañerismo. Los estudios que se han llevado a cabo sobre los programas de mindfulness han demostrado que en los centros donde se han impartido los niveles de estrés, conflictos y acoso escolar se han visto reducidos.

El mejor modo de introducir a los niños en la atención plena es con la respiración. La respiración siempre está ahí, solo podemos respirar en el presente así que nos conecta con el aquí y ahora rápidamente, nos da pistas sobre nuestro estado físico y emocional: pausada, entrecortada, rápida… y es tan natural que podemos hacer esta práctica en cualquier sitio.

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Podemos proponer a los peques una pausa breve de vez en cuando. Les contamos que vamos a viajar a un sitio donde se está muy a gusto, donde las preocupaciones se derriten y donde siempre vamos a encontrar consuelo cada vez que nos sintamos tristes o enfadados.

Es muy importante que sepan que para viajar a ese lugar hay que colocarse sentados con las manos descansando en las piernas o sobre la barriguita para sentir la respiración, la espalda recta y los ojos cerrados. Como en todo viaje no podemos olvidarnos de echar gasolina al coche, en este caso nuestra gasolina es la respiración, cada vez que respiremos vamos avanzando a ese lugar precioso que vamos a visitar. Les guiamos con nuestra voz de forma muy pausada:

“Cogemos aire y lo llevamos a la tripa, la hinchamos como un globo y después lo soltamos muyyyy despacio… De nuevo cogemos aire y notamos como entra por la nariz y otra vez llega a la barriguita… Llevamos toda la atención a la tripa, allí abajo no hay preocupaciones, solo respiración, como si una ola subiera y bajara, y subiera y bajara… Aquí en este lugar podemos estar tranquilos, aquí nuestro cuerpo está relajado, aquí las preocupaciones se derriten y el malestar se deshace… Aquí en este lugar estamos seguros siempre”

Si queréis podéis acompañar vuestras palabras con música relajante de fondo, también contar las respiraciones de cinco en cinco o de diez en diez según la edad, id probando. Se trata de enfocarse en la respiración y volver a ella siempre que nos distraigamos. También es muy interesante compartir la experiencia después, que os cuenten cómo se han sentido, qué ha sucedido. Y atentos porque seguro que afloran pistas sobre situaciones o estados de ánimos que nos pueden servir para después resolver conflictos.

Cada vez hay más literatura sobre el tema pero el minfulness solo se aprende practicando. Así que os animamos a qué os adentréis en este mundo. Y AQUÍ y AHORA es el momento perfecto. 

Elena Muñoz Jiménez

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